Objetivamente el partido de mañana tiene tintes dramáticos para el Barça y el barcelonismo. Los culés llegan al partido de El Bernabeu con 6 puntos de desventaja, que de perder el partido serían 9. Demasiada desventaja para el mes de diciembre.
También hay motivos, más subjetivos, para hacer temblar al aficionado azulgrana. En primer lugar, la propia historia: Los ciclos duran lo que duran, tanto cuando son a favor como cuando son en contra. Y el Barça de Guardiola ha ganado ya una barbaridad de títulos en los últimos 3 años, de dominio colosal en España y Europa…
Pero además, enfrente está el Real Madrid, que ya se ha acercado mucho en su nivel de juego en los últimos choques. Aunque en el cuádruple enfrentamiento de la temporada pasada el Barça se proclamó claro vencedor, el equipo de Mourinho le arrebató un título y cuestionó la legitimidad de los otros dos, aunque sólo sea por la vía de la teoría de la conspiración.
Lo cierto es que las fuerzas se han ido igualando desde el primer enfrentamiento Guardiola-Mourinho, el del 5-0 en el Camp Nou, y ya en la Supercopa de España del pasado mes de agosto se igualaron tanto que sólo un consenso sobre la superioridad de Messi pudo cerrar el debate.
Esa es la sensación del presente, la de que hay dos líneas en una gráfica, la blanca y la azulgrana, que cada vez convergen más. Hasta el punto de que podrían haberse cruzado ya para situar la línea del Madrid por encima de la del Barça. Lo dice la clasificación. Lo seguirá diciendo después del partido. Pero queda el pulso directo. Nadie se atreve a poner al Real de Mourinho por encima del Barça de Guardiola sin una victoria contundente en el campo.
Y hay una tercera subjetividad, más de chascarrillo de tasca, sí, pero que está en el ambiente. Con Aznar ganaba el Madrid, con Zapatero el Barça y ahora que gobernará Rajoy, volverá a ganar el Real. Si hasta la agenda está marcada por un cintillo que se titula “traspaso de poderes”.
Los ingredientes del cambio de ciclo están todos sobrela mesa. Sin embargo, hay una extraña serenidad que rodea al Barça. Una sensación de enorme paz que ha escenificado a la perfección el club catalán estos días y que por antítesis, refuerza Mourinho, volviendo a la mala educación, el ataque de nervios y al recurso de la tensión alta.
Mourinho otra vez enfadado en sala de prensa. Mourinho tomándola con el traductor de la Champions – reforzando además el ataque más famoso de la afición culé, que no pierde ocasión de recordarle que su paso por el Barça fue el de un simple empleado que traducía a un entrenador inglés y anciano-. Mourinho cancelando el paseo por Amsterdam al ver las cámaras de televisión a las puertas del hotel del Real Madrid. Mourinho maleducado con el entrenador del Ajax, un ex jugador del Barça, Frank de Boer. Mourinho que no da la rueda de prensa previa al superclásico y vuelve a delegar en Aitor Karanka. Mourinho que piensa en sentar a los centrocampistas de clase para poner un trivote defensivo.
Frente a la irritación de Mourinho, la gestión de Guardiola de los días previos. Primero enmarcó el partido del sábado: El superclásico no es lo importante de esta semana, lo importante de esta semana es la reunión de hoy en Bruselas y ver qué pasa con el euro. Está claro que en el fondo, por mucho que el mundo se paralice dos horas para ver un partido de fútbol, el futuro económico y político de Europa es mucho más importante que un partido de fútbol. A ver quién lo cuestiona. Pero el objetivo de una declaración tan sorprendente es evidentemente rebajar la expectativa, quitar presión a los jugadores y ansiedad a la afición.
Segundo: Exhibición en Champions League, con un equipo lleno de jugadores de la maravillosa Masía del Barça y muchos de ellos debutantes en el primer equipo y en la máxima competición. Bien es cierto que el rival era el campeón de Bielorrusia, que tampoco es el Bayern de Munich, pero tiene su mérito una victoria tan convincente y con tan buen juego. Es un mensaje de confianza en el proyecto. Viene a decir que pase lo que pase en el Bernabeu y en la temporada, un futuro exitoso del Barça está garantizado. Que tras los días de Xavi y Puyol, llegarán los de Thiago, Rafinha, Sergi Roberto, Bartra, Montoya…
Y tercero, al día siguiente de la goleada del Barça B al Bate Borisov, reaparece Tito Vilanova, el segundo entrenador de Guardiola, el que recibió el dedo de Mourinho en su ojo, que había estado ausente en las últimas semanas por una afección bastante grave, y que se convierte así en un estímulo importante para la plantilla del Barça, para ganar en el Bernabeu.
Es lo que queda del relato de la previa del clásico. Esa extraña capacidad que tiene Guardiola para dar serenidad al Barça. Mismo protocolo. Dos días libres a la plantilla antes de jugar el decisivo clásico del Bernabeu.
Y el barcelonismo recibe todas estas señales de normalidad, para afrontar con tranquilidad el dramático partido de mañana. El culé piensa que todo seguirá igual. Que el Barça seguirá siendo dueño de la pelota. Que el Madrid de Mourinho cambiará la táctica. Que pueden estar tranquilos, porque Xavi e Iniesta (y Busquets, y Cesc y Thiago) serán amos del centro del campo. Que siempre quedará Messi para marcar la diferencia. Que en el peor de los casos sólo será un partido, o una Liga. Que habrá que estar a la altura y felicitar al rival en la derrota. Que ya están puestos los mimbres para marcar otro ciclo glorioso. Que, de hecho, la mayor angustia, la única angustia que puede sentir un culé hoy, es que algún día se vaya Guardiola: La serenidad del Barça.


Posted on 9 diciembre, 2011
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